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Un joven con TOC severo sobrevivió a un disparo en la cabeza y sus compulsiones casi desaparecieron, aunque es un caso único y no un tratamiento.
Pocas historias de la psiquiatría resultan tan incómodas como la de George. Según la reedición de la noticia que publicó el New York Times en 1988, este joven de 19 años, atrapado en un trastorno obsesivo compulsivo (TOC) que le llevaba a lavarse las manos cientos de veces al día, se disparó en la cabeza con un rifle del calibre .22. Sobrevivió, y sus compulsiones se esfumaron casi por completo.
Los detalles clínicos que recogen las fuentes son estos: la bala quedó alojada en el lóbulo frontal izquierdo, los cirujanos la retiraron, pero no pudieron extraer todos los fragmentos. Cuando lo trasladaron al hospital del psiquiatra Leslie Solyom, en Vancouver, unas tres semanas después, apenas le quedaban compulsiones. Su coeficiente intelectual seguía igual, volvió a estudiar, consiguió trabajo y, según aquella crónica, cursaba su segundo año de universidad.

Qué conviene corregir de la versión que circula
Muchos resúmenes en internet datan el disparo en 1988, y es un error: ese año fue cuando la prensa difundió el caso. KnowledgeNuts sitúa el intento en 1982 y la publicación en el British Journal of Psychiatry en 1987, mientras que The Internet Says It's True da como fecha el 11 de noviembre de 1983 y añade que la bala quedó en la corteza premotora, con secuelas motoras y del habla en el lado derecho. Hay otras discrepancias menores: la crónica del Times habla de un rifle y Cerebro Digital de una pistola, y la propia reedición atribuye el informe a Physician's Weekly, no a la revista británica.
Tampoco hablaríamos de «curación» sin matices. Cinco años después, George conservaba rituales menores, como cerrar una ventana dos veces, que según Cerebro Digital ya no interferían con su vida diaria. Y la historia incluye el contexto de una depresión grave, tratada con antidepresivos tras el suceso. Es una mejoría muy notable, no un borrado limpio de la enfermedad.
Lo más sensato es leerlo como una curiosidad con eco histórico: las fuentes recuerdan que ciertas operaciones en el lóbulo frontal, herederas de la leucotomía, se practican como último recurso en casos extremos. El doctor Thomas Ballantine, citado en la crónica, hablaba de entre 10 y 30 intervenciones de ese tipo al año en Estados Unidos, con resultados dispares. Los revisores que buscaron casos parecidos, según KnowledgeNuts, encontraron solo un puñado en los que una lesión en la cabeza aliviara un TOC.
Nuestra lectura es prudente. Un caso, por espectacular que sea, no establece causalidad ni mucho menos un método; nadie puede extraer de aquí una pauta terapéutica, y menos aún una que pase por el daño cerebral. Lo valioso es la pregunta que deja abierta sobre el papel del lóbulo frontal en los síntomas obsesivos.
Fuente original: mybraincage (WordPress repost of 1988 New York Times article)
Elaborado con apoyo de IA y revisado por la redacción



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