No sé cómo empezar a escribir esto. Son las 5:00 PM de este sábado 3 de enero de 2026 y todavía me cuesta procesar los titulares que inundan mi pantalla.
Una madrugada de estruendo en Caracas
Todo empezó con el eco de las explosiones en Fuerte Tiuna y La Carlota. Mientras la mayoría dormíamos tras las fiestas de Año Nuevo, una operación militar de precisión —ejecutada por fuerzas especiales de EE. UU.— extrajo a Maduro y a su mujer de su refugio. No fue una salida negociada ni una renuncia voluntaria; fue una detención forzosa en medio de un despliegue que ha dejado al mundo en shock.
Los puntos clave de hoy:
Destino final: Según los informes oficiales de Washington, ambos están bajo custodia en un buque de guerra y serán trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo.
Vacío de poder: Mientras Delcy Rodríguez exige "fe de vida", las calles de Caracas se debaten entre un silencio tenso y los primeros gritos de celebración que empiezan a oírse en los barrios.
La sombra de Noriega: Es imposible ignorar la coincidencia histórica. Hoy se cumplen exactamente 36 años de la captura de Manuel Noriega en Panamá. La historia, a veces, tiene una rima brutal.
"Llegó la hora de la libertad", ha dicho María Corina Machado hace apenas unas horas.
Y aunque el futuro es incierto, hoy el aire se siente distinto.
Mi reflexión personal
He pasado años escribiendo sobre la crisis, el éxodo y la resistencia. Muchas veces perdí la esperanza de ver este titular en vida. Ver a Maduro y a Cilia Flores fuera del poder no es solo una noticia política; es el cierre de una herida que ha sangrado por más de una década.
¿Qué viene ahora? Nadie lo sabe con certeza. La reconstrucción de una nación no ocurre en una tarde.
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