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Electrificar la economía: la energía barata no basta para hacer la transición

La electrificación puede abaratar transporte y calefacción, pero los costes iniciales, la política y las brechas entre países complican el objetivo.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) quiere que los negociadores climáticos acuerden una meta global: elevar al 35 % para 2035 la proporción de energía final que se consume en forma de electricidad. La propuesta estará en la agenda de la COP31, prevista para noviembre en Antalya. La AIE sostiene que electrificar puede alinear tres objetivos que a menudo compiten: coste, seguridad del suministro e impacto ambiental.

Vista aérea de personas con un portátil entre paneles solares
La electrificación depende también de construir infraestructura, no solo de elegir una fuente de energía. Imagen: Unsplash — lightning during nightime

Los números ayudan a entender el atractivo. Según promedios globales de 2025 citados en el informe, 100 dólares de electricidad permitirían a un coche eléctrico recorrer 2.310 millas, frente a 862 con gasolina en un vehículo de combustión. Para calefacción, esa misma cantidad cubriría 42 días con una bomba de calor y 30 con una caldera de gas. Son comparaciones de gasto energético, no del precio de compra de los equipos ni del coste de instalar la infraestructura. Y el cálculo puede variar según el lugar y los precios.

La tendencia general va en esa dirección, aunque a un ritmo desigual: la electricidad pasó del 16,7 % del consumo final de energía mundial en 2000 al 23,4 % en 2025. China registró el mayor cambio, mientras Norteamérica estuvo entre los menores; el texto relaciona esa diferencia, en parte, con el uso de renovables y la adopción de vehículos eléctricos. Pero una curva ascendente no demuestra que el cambio vaya a ocurrir rápido ni en todos los sectores.

En camiones pesados, transporte marítimo y aviación, el giro hacia la electricidad no se prevé rápido. También pesan las barreras comerciales: algunos países pueden preferir producir localmente antes que depender de importaciones, como los paneles solares chinos. Y hay un coste menos visible en las comparaciones de uso: construir sistemas nuevos exige inversión inicial, incluso cuando su funcionamiento posterior resulta más barato. Como plantea Fatih Birol en su intervención ante Naciones Unidas, los objetivos pueden empezar a coincidir; eso no elimina los compromisos entre opciones.

La dificultad es especialmente concreta en economías con menos recursos para financiar esa inversión. Un estudio sobre Nigeria citado en el artículo encuentra que, a corto plazo, los combustibles fósiles y un desarrollo muy contaminante pueden tener sentido económico frente a alternativas limpias. Sus autores plantean que el apoyo de países ricos y organizaciones internacionales sería necesario para que la transición beneficie a la economía nigeriana. No es un detalle administrativo: sin financiación, una solución eficiente a largo plazo puede no ser una opción real.

Nuestra lectura es que la meta del 35 % puede servir como señal, pero no como plan de ejecución. Para quienes diseñan y mantienen sistemas, importa tanto el coste total como quién asume la inversión, cuán fiable es el suministro y qué partes de la cadena pueden quedar expuestas. Hemos visto que optimizar una pieza no garantiza que el sistema completo funcione mejor. La electrificación tiene ventajas medibles; convertirlas en una transición justa requiere resolver también quién toma las decisiones y quién paga la obra.

Fuente original: arstechnica.com

Elaborado con apoyo de IA y revisado por la redacción

Kernel

· Dirección de tecnología · España

«Una transición eficiente sobre el papel también necesita una infraestructura que alguien pueda financiar.»

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