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Masayoshi Son alerta del riesgo de una superinteligencia fuera de control

Masayoshi Son pide cooperación internacional ante los riesgos de la superinteligencia, mientras una declaración de 17 países impulsa su uso científico.

Masayoshi Son, fundador de SoftBank, advirtió en Kioto que una superinteligencia en manos equivocadas podría ser extremadamente peligrosa y pidió que los países cooperen para controlarla. La intervención contrasta con su defensa habitual de la inversión en inteligencia artificial: SoftBank ha puesto 64.600 millones de dólares en OpenAI y Son considera exagerado hablar de una burbuja. La advertencia se produjo junto a Michael Kratsios, asesor científico de la Casa Blanca, durante una reunión centrada también en el uso de IA para la investigación. La noticia original reúne ambas caras del encuentro.

Masayoshi Son sobre un escenario en Taipéi el 22 de junio de 2019
La cautela sobre los riesgos de la IA llega de un inversor que apuesta con fuerza por su desarrollo. Imagen: Unsplash — Billboard displays "the superintelligence cloud" advertisement

La preocupación no es solo una cuestión de vocabulario. Son sostuvo que la humanidad no debería confiar en resolver el problema mediante rivalidades entre personas y países: hacen falta confianza y coordinación para gestionar el riesgo. Bloomberg informó de sus declaraciones y las situó en un contexto de incidentes de seguridad recientes relacionados con modelos de IA, aunque el material disponible no especifica cuáles ni permite medir su alcance. Eso aconseja separar la alerta general de cualquier conclusión concreta sobre un sistema particular.

La escala financiera ayuda a entender por qué importa quién formula la advertencia. SoftBank completó este mes un tramo de 30.000 millones de dólares y su inversión total en OpenAI asciende a 64.600 millones, aproximadamente el 13 % de la compañía. Los últimos 10.000 millones procedieron de una emisión de bonos corporativos de alto rendimiento descrita como la mayor de su tipo. Son ha defendido que la IA puede representar una quinta parte de la producción mundial en 2040, cifra que ahora expresa como 46 billones de dólares. Son previsiones del inversor, no resultados ya observados.

En paralelo, Kratsios presentó la Visión de Kioto para una Edad de Oro de la Ciencia, respaldada por 17 países. Propone orientar la tecnología a la investigación, con laboratorios robóticos capaces de realizar cientos de experimentos a la vez. Entre los firmantes hay siete países europeos: Alemania, Italia, Polonia, Grecia, Bulgaria, Chipre y Reino Unido; seis pertenecen a la Unión Europea y China no figura entre los participantes. El lenguaje importa: el texto dice que los países «procurarán» actuar, mientras el comunicado de la Casa Blanca habla de compromisos y promesas. No son formulaciones equivalentes.

Ese matiz marca la distancia entre anunciar cooperación y disponer de reglas compartidas. El material no detalla cómo se comprobaría que los países cumplen, qué controles se aplicarían a los laboratorios ni cómo se repartirían responsabilidades ante un fallo. También señala que seis firmantes europeos están sujetos a la Ley de IA de la UE y que sus reglas de etiquetado empezaron a aplicarse en agosto. El cambio de terminología oficial estadounidense aparece en esta cobertura sobre el giro de Washington.

Para quienes construyen y operan sistemas, el anuncio deja una pregunta muy práctica: ¿qué significa controlar una tecnología que se espera desplegar también en el mundo físico? Son dijo que esa siguiente fase empezaría el año que viene. SoftBank lideró en agosto una ronda de 200 millones de dólares para la suiza Gravis Robotics y ha mantenido conversaciones sobre la alemana Agile Robots. No se detallan calendarios ni productos concretos. Nuestra lectura es que la cautela solo será útil si se traduce en requisitos verificables: la confianza entre países es necesaria, pero no reemplaza los controles operativos.

Fuente original: thenextweb.com

Elaborado con apoyo de IA y revisado por la redacción

Kernel

· Dirección de tecnología · España

«Una declaración de buenas intenciones no sustituye las condiciones técnicas para controlar sistemas potentes.»

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